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Lo que nos dice la investigación sobre la colaboración docente

 

El trabajo colaborativo de los educadores es uno de los pilares para la mejora de la práctica (Graziano y Navarrete, 2012). En este sentido, vale la pena diferenciar lo que podría llamarse un trabajo colectivo de un trabajo colaborativo. Se entiende por trabajos colaborativos y, por tanto, eficaces, aquellos encuentros de los educadores en los que hay una reflexión sistemática de la práctica, y como consecuencia se genera conocimiento para su mejora (Fenstermacher y Richardson, 2005).

Poco a poco en todo el sistema educativo, formal y no formal, se han ido reconociendo los espacios de trabajo común. Sin duda es un paso muy importante y, por el momento, no se problematiza su efectividad, sino que se percibe como una conquista laboral, aunque planteado en estos términos se convierte en un factor de ineficacia del centro educativo (Hernández-Castilla et al., 2014).

Hay evidencias recientes acerca de la naturaleza de las organizaciones que aprenden (Williams et al., 2012), de las comunidades profesionales de aprendizaje (Krichesky y Murillo Torrecilla, 2011) y su contribución al trabajo de los educadores y al aprendizaje de los alumnos. En ellas hay dos prácticas especialmente significativas: facilitar el desarrollo de una cultura de colaboración y transformar las estructuras para promover la colaboración (Bolívar et al., 2013).

La escasa formación de los educadores en el trabajo en equipo compromete la efectividad del trabajo (Hernández, 2007). Además de los arreglos organizacionales necesarios para el funcionamiento de esta estructura, es necesario apoyar su efectividad. Es una tendencia habitual de los equipos a orientarse, en el mejor de los casos, a la tarea. Sin embargo, en pocas ocasiones se registra un ejercicio sistemático de trabajo interno. Son escasas las reflexiones sobre su funcionamiento interno, los roles de sus integrantes, los acuerdos, el uso de herramientas y técnicas para la mejora y la efectividad.

Que los espacios de trabajo de los educadores poco a poco se vayan institucionalizando en los centros educativos y, a la vez, que sea cuestionada la efectividad de estos abre toda una línea de trabajo vinculada a la satisfacción laboral. En el informe TALIS 2013 (OECD y TALIS, 2014) se recomienda con mucho énfasis a las autoridades de la educación y a los decisores políticos promover el trabajo colaborativo. Han podido verificar que, por poco que sea, el trabajo colaborativo entre los colegas siempre trae beneficios. El trabajo colaborativo no solo es importante porque es un espacio para los vínculos interpersonales, sino que es valioso en sí mismo. Los datos muestran que la participación en instancias colectivas de trabajo cinco o más veces al año relaciona de manera positiva con el sentimiento de eficacia de los educadores y su satisfacción laboral. Estas prácticas de trabajo se refieren a las reuniones, y se incluyen, además, la observación en el aula y la retroalimentación entre educadores o la enseñanza en equipo a un mismo grupo de estudiantes. Estas actividades también las vinculan al desarrollo profesional como formación continua en el centro.

El informe advierte que el rol de la dirección es importante como facilitador de los procesos. Se coincide en que la dirección del centro influye fuertemente en el trabajo colaborativo de los educadores, en articular debidamente los espacios de trabajo colaborativo y en alinear sus acciones en el marco de un proyecto educativo de centro (Leithwood y Seashore-Louis, 2011). Una dirección de estilo ausente aumenta la probabilidad de encontrar una estructura vacía. El apoyo desde la dirección de los centros educativos para el desarrollo de prácticas específicas de colaboración ha mostrado correlacionar con una mejora en el aprendizaje de los estudiantes.

Son ampliamente conocidas las investigaciones publicadas en 2008 por Leithwood, Harris y Hopkins (2008), y doce años después revisadas y refirmadas en su mayoría (Leithwood et al., 2020), en cuanto a que el liderazgo pedagógico tiene incidencia en los aprendizajes favoreciendo el trabajo colaborativo de los educadores. En concreto, hay algunas prácticas identificadas con claridad en un estudio que analizó inicialmente 673 investigaciones sobre la relación entre el liderazgo docente y el aprendizaje de los estudiantes (Shen et al., 2020) y que pueden agruparse en tres categorías: 1) colegialidad, comunicación abierta y buen ambiente, 2) colaboración y relaciones interpersonales y 3) colaboración y responsabilidad colectiva.

Referencias bibliográficas

Bolívar, A., López Yáñez, J. y Murillo, F. J. (2013). Liderazgo en las instituciones educativas. Una revisión de líneas de investigación. Revista Fuentes, 14, 15-60. https://idus.us.es/xmlui/handle/11441/33743.

Fenstermacher, G. D. y Richardson, V. (2005). On Making Determinations of Quality in Teaching. Teachers College Record, 107 (1), 186‑213. https://www.researchgate.net/publication/225084160_On_Making_Determinations_of_Quality_in_Teaching.

Graziano, K. J., y Navarrete, L. A. (2012). Co-Teaching in a Teacher Education Classroom: Collaboration, Compromise, and Creativity. Issues in Teacher Education, 21(1), 109‑126. https://www.researchgate.net/publication/292756807_Co-teaching_in_a_Teacher_Education_Classroom_Collaboration_Comprise_and_Creativity.

Hernández, A. L. (2007). 14 ideas clave. El trabajo en equipo del profesorado (vol. 2). Graó.

Hernández-Castilla, R., Murillo, F. J. y Martínez-Garrido, C. (2014). Factores de ineficacia escolar. REICE. Revista iberoamericana sobre calidad, eficacia y cambio en educación, 12 (1), 103‑118. https://revistas.uam.es/reice/article/view/2867.

Krichesky, G. J., y Murillo, F. J. (2011). Las comunidades profesionales de aprendizaje. Una estrategia de mejora para una nueva concepción de escuela. REICE. Revista iberoamericana sobre calidad, eficacia y cambio en educación, 9 (1), 65‑83. https://revistas.uam.es/index.php/reice/article/view/4718.

Leithwood, K., Harris, A. y Hopkins, D. (2008). Seven Strong Claims about Successful School Leadership. Taylor & Francis, 28 (1), 27‑42. https://doi.org/10.1080/13632430701800060.

Leithwood, K., Harris, A. y Hopkins, D. (2020). Seven strong claims about successful school leadership revisited. School Leadership and Management, 40 (1), 5‑22. https://doi.org/10.1080/13632434.2019.1596077.

Leithwood, K. y Seashore-Louis, K. (2011). Linking Leadership to Student Learning. John Wiley & Sons.

OECD y TALIS publishing (2014). TALIS 2013 Results: An International Perspective on Teaching and Learning. TALIS, OECD publishing.

Shen, J., Wu, H., Reeves, P., Zheng, Y., Ryan, L. y Anderson D. (2020). The Association between Teacher Leadership and Student Achievement: A Meta-Analysis. Elsevier, 31 (2020). https://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S1747938X19305317.

Williams, R. B., Brien, K. y LeBlanc, J. (2012). Transforming schools into learning organizations: supports and barriers to educational reform. Canadian Journal of Educational Administration and Policy, 134. https://journalhosting.ucalgary.ca/index.php/cjeap/article/view/42834.